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Un poco de historia...
 

Mirando hacia los orígenes

Mayo FrancésLos inicios de este peregrinar de fe se remontan a finales de la década de los 60. Es un tiempo que será recordado como particularmente intenso en la historia de la humanidad y de la Iglesia. Situaciones como las del "mayo francés" y sus pensadores, y tantas otras ocurridas en 1968 marcaron fuertemente a una juventud que se descubría intensamente inconforme con el mundo. Era un tiempo de crisis, de revisión de paradigmas, de muchos problemas, de grandes esperanzas, en suma, de profundos cambios.

LF Figari con Robert Kennedy La Iglesia acababa de concluir el Concilio Vaticano II. Junto con las riquezas y la renovación que había traído esta intensa experiencia eclesial se presentaron -no a causa del Concilio- las primeras expresiones de una dolorosa crisis en el Pueblo de Dios. En América Latina se llevó a cabo en el mismo año de 1968 la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Medellín. Esta Conferencia marcaría hondamente la vida de la Iglesia en el subcontinente y abriría nuevos horizontes de compromiso eclesial. Pero la situación en América Latina tampoco era fácil. A los problemas -como el temible flagelo de la pobreza y del subdesarrollo- que agobiaban de antaño a sus gentes se sumaría una fuerte tensión por efectos del impacto de ideologías -especialmente el marxismo y el liberalismo-. Todo ello con un pesado gravamen sobre sus pobladores, en especial los más pobres. También a ellos afecta la presencia de sectas provenientes sobre todo del norte del Continente como una estrategia política destinada a debilitar la presencia católica en América Latina.

Concilio Vaticano IIAnte la situación de cambios en el mundo y atento a los vientos de esperanzadora renovación del Concilio y de Medellín, Luis Fernando Figari, acompañado de otras personas, va buscando cómo vivir y expresar la propia fe de cara a ese presente y al futuro. Corren los últimos años de la década de los 60. La situación del mundo, su contexto, constituye ciertamente un poderoso cuestionamiento que actúa como estímulo.

Nacimiento del Sodalicio

El peregrinaje de fe se va plasmando en pasos concretos, y así el 8 de diciembre de 1971 Luis Fernando Figari funda el Sodalicio de Vida Cristiana. Es un hito muy importante en el inicio del peregrinar. La intención original brotaba de la convicción de que el Espíritu Santo estaba impulsando a los laicos a asumir un activo compromiso apostólico desde la universal llamada a la santidad. La iluminación del Concilio Vaticano II es decisiva. El amor filial a Santa María se hace presente desde los comienzos como una nota central de la vida y el apostolado de la comunidad naciente, surgida en el cauce histórico de la evangelización constituyente de las tierras americanas bendecidas con la presencia de Nuestra Señora de Guadalupe en el cerro del Tepeyac.

En los años que siguen a 1971 va madurando una comunidad que trata de vivir las consecuencias del bautismo en la vida cotidiana y que experimenta una clara vocación apostólica. Se van configurando y desarrollando las intuiciones pedagógicas fundantes plasmándose en diversos programas y sistemas de retiros, ejercicios espirituales y de encuentro fraterno.

ChaminadeSan Ignacio de LoyolaEn el desarrollo de la propia respuesta espiritual son muy importantes las influencias del Venerable Guillermo José Chaminade y de la escuela francesa de espiritualidad, así como de San Ignacio de Loyola, acompañado por la experiencia de otros testigos de la Reforma Española, a las que se va sumando el rico aporte cisterciense en la forja de una espiritualidad nueva impregnada por la experiencia del propio caminar de cara al presente y al futuro. Fueron años de búsqueda en los que no faltaron dificultades ni obstáculos, como tampoco escasearon alientos y grandes esperanzas. En ese tiempo cala hondo en la joven comunidad la meditación del capítulo 10 del Evangelio según San Mateo. Fue un tiempo fecundo de crecimiento en la fe y en la propia experiencia eclesial.

 

Card. Juan LandázuriEl proceso de maduración de la comunidad se realiza bajo la atenta mirada de los Pastores y en comunión con ellos. El Cardenal Juan Landázuri Ricketts, O.F.M., entonces Arzobispo de Lima y Primado del Perú, alienta desde los comienzos a la joven comunidad. En un inolvidable encuentro con el MVC el Cardenal Landázuri recordaba esos primeros años. «En el 72 vino Mons. Schmitz, y dijo esa frase que es una gran realidad, una gran verdad: "Este movimiento es una plasmación del Concilio Vaticano II"». Será en 1973 cuando el entonces Obispo de Huaraz, Mons. Fernando Vargas, S.J., aplique al Sodalicio una histórica sentencia de bíblicos ecos: «El dedo de Dios está aquí».

Con el correr de los años las iniciativas apostólicas se multiplican. Se va perfilando más claramente un estilo apostólico dinámico, atento a los signos de los tiempos y a las características de la sociedad de hoy. Se trata claramente de una experiencia de fe situada en un contexto concreto pero claramente abierta a la dimensión universal. En esa época la plena adhesión a las enseñanzas sociales de la Iglesia, que acompaña desde los mismos inicios a sus integrantes, lleva a que se desarrolle en cada vez mayor profundidad el compromiso solidario con los pobres, siempre desde el Evangelio. La conciencia creciente de las rupturas entre fe y vida diaria, la amenaza del secularismo y de ideologías como el marxismo y el liberalismo, así como la convicción de la importancia de la cultura en la vida personal y social conducen a una creciente opción por la evangelización de la cultura. Irán así madurando algunas de las características centrales del peregrinar que se expresarán también en el MVC.

A partir de 1979 van tomando forma un conjunto de iniciativas que, sumadas a las ya organizadas, van constituyendo una familia espiritual con una identidad propia, expresada en diversas manifestaciones. Hasta entonces todo ello se centraba en el Sodalicio. En ese sentido fue muy significativa la celebración del 8 de diciembre de 1980, presidida por el Cardenal Landázuri en la capilla Inmaculado Corazón, en Lima. En aquella ocasión, entre otras palabras de aliento, declaró el Cardenal que «era un signo inequívoco de la acción del divino Espíritu ver en nuestro medio el surgimiento del Sodalicio de Vida Cristiana». En 1982 el Papa Juan Pablo II dirá: «Bendigo vuestro Sodalitium, bendigo vuestro Sodalitium... Os confirmo a vosotros y a vuestro Sodalitium».

En 1983 se profundiza con intensidad en el tema de la reconciliación. No sólo no se abandona el de la liberación cristiana, asumido desde 1971, sino que se busca prolongarlo y completarlo en la reconciliación: «Con ello se dota al impulso liberador de su justo horizonte: el marco de la reconciliación... Con ello se recobra el impulso liberador... El acento reconciliativo purifica a la liberación... y le devuelve su auténtico sentido de liberación en el Amor».

 

 
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